Sábado
21 de octubre, hora 8.00 de la mañana, estancia Funke, partíamos
con la meta de abrir una nueva ruta hacia la cumbre del Tres Picos,
(1239 m.s.n.m.).
El estado de ansiedad dominaba a todo el grupo por saber con que
nos encontraríamos.
Así comienza una jornada de largo esfuerzo, templanza física
y espiritual, donde ninguno de los integrantes decaía a pesar
de la agobiante temperatura y falta total de alguna brisa que mitigara
a los esforzados escaladores.
Partimos del guarda ganado a escasos 1500 metros del puesto “Glorieta”
dentro de la estancia, breve descanso y parada técnica para
re acomodar equipo. Hora 8.35am, dejo las indicaciones a José
y Leo para que continúen la marcha con el grupo una vez que
yo me haya alejado unos 500 metros. Invito a Johnny y Alfredo para
que me acompañen en la apertura de la ruta, cosa que aceptan
de buen agrado.
Voy observando a la distancia la posible ruta a seguir. Hacemos
una travesía por campo arado hasta llegar a las primeras
estribaciones con algo de vegetación, enfilamos hacia el
lateral izquierdo que nos parece algo más factible.
Comenzamos el ascenso por rocas muy empinadas que nos obligan a
mantener un precario equilibrio, la ruta se ve muy potente y escarpada.
Algo que dificulta nuestro avance es la formación tabular
de placas con una inclinación de unos 45º, esto nos
obliga a ensayar pasos de “saltimbanqui”.
Continuamos siempre en ascenso con la misma dificultad, a nuestro
frente se presenta la disyuntiva por donde pasar, elijo una “canaleta”
muy empinada y a la izquierda con algo de yuyos, de a tramos nos
vemos obligados a trepar en cuatro patas al mejor estilo simio,
llegamos a la primera ante cumbre del espolón, el reloj marca
las 9.45 de la mañana, venimos a buen ritmo a pesar de la
pronunciada pendiente, un respiro y a seguir, siempre ascendiendo,
ahora la subida es un poco más suave, con la vista trato
de intuir el posible paso, elijo nuevamente el de la izquierda y
luego de 30’ estamos en la cumbre del espolón, son
las 10.15 horas. Miro hacia atrás y veo al resto del grupo
allá abajo empequeñecidos, la carta del IGM marca
que estamos a 750 m.s.n.m.(ya desnivelamos 400 metros).
Cambiamos algunas opiniones con Jhonny y Alfredo, aprovechamos para
hidratar y comer algún bocado, comunico por radio a Leo y
José por donde transcurre la ruta que vamos abriendo, los
veo venir muy rápido y recomiendo disminuir el ritmo, la
jornada será muy larga y debemos reservar energías
para lo que falta. Atrás van quedando los primeros “escarceos”
con la montaña, la pendiente no da tregua, avanzamos siempre
por placas hasta que llegamos a un sector más horizontal,
pero esto dura poco, inmediatamente el cerro vuelve a “pararse”
con otra pendiente que obliga a tomar aire a cada instante, de a
tramos parece que el espolón se interrumpe en una caída
vertical, por suerte al acercarnos siempre encontramos un paso,
seguimos a ritmo constante hasta llegar a lo que ahora si. . . .
. . se nos “terminó” el cerro, miro a mi alrededor
y veo todo vertical – para abajo!! – busco el posible
paso y encuentro a mi derecha una rampa que desciende entre yuyos
y piedras, la destrepo dejándome deslizar, examino lo que
sigue y veo con alegría que se puede continuar. Vuelvo a
subir, saco una cuerda de mi mochila y con un nudo empotrado instalo
un seguro para que baje todo el grupo.

Hago que baje Jhonny para asegurar y Alfredo queda como referencia
visible hasta que lleguen los demás integrantes. A mi frente
se presenta un enorme paredón de unos 200 metros verticales
que sería casi imposible subir, elijo una pequeña
“repisa” que se ve a la derecha de la pared; hacia allá
me dirijo no sin antes descender una decena de metros. Nuevamente
la trepada exige mis pulmones y pone a prueba mis piernas, encuentro
una desdibujada huella que parece de guanacos, la sigo y me lleva
justo hasta el paso elegido, inspecciono el lugar y veo con enorme
satisfacción que la pendiente, y lo que queda por delante,
se presentan más accesibles.
Regreso a la plataforma de la “repisa” y decido tomarme
el primer descanso prolongado, el reloj me indica que son las 11.10
de la mañana.
Veo a través de los prismáticos como evoluciona el
grupo en el sector de cuerda, los voy orientando por radio en el
recorrido a seguir, de a poco se van acercando y llegan hasta mi
posición, (Intuyo los recuerdos hacia mi familia), - es el
destino signado que tenemos los guías -.

SIGUE ARRIBA
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Un descanso prolongado y los comentarios de rigor,
el calor no da tregua, la brisa que habitualmente sopla en los cerros
se nos niega, la hidratación es muy importante en estas condiciones,
fue acertada la decisión de venir con tres litros de líquido
cada uno. Aprovechamos para comer algún bocado y dispuestos
a continuar, cosa que hacemos buscando el filo que une “cueva
de los guanacos” con la “canaleta” final hacia
cumbre.

Finalmente llegamos al filo donde decidimos parar
para el almuerzo, el reloj nos indica que son las 14.00 horas y
nuestros estómagos piden “refuerzo”. El lugar
no tiene sombra, apenas unos bloques de roca nos dan algo de cobijo.
El almuerzo es variado, algunos con los clásicos sándwiches
de milanesa, otros con ensaladas y fiambres, los menos con alguna
que otra pasta ( fría por supuesto !! ), las frutas también
se hacen presente, el líquido?. . . . . . . es la “vedette”
.
El descanso está muy lindo, pero falta la última parte
para completar el objetivo, son las 15.00 horas y emprendemos el
camino hacia nuestra meta, a paso rápido nos acercamos a
la “canaleta”, el ritmo baja y las pulsaciones aumentan,
nuestras piernas se resisten a las rocas escalonadas que tiene la
pendiente de 45º, no queda más remedio que transitar
este sector si queremos llegar a cumbre, con breves pausas seguimos
avanzando hasta llegar al portezuelo de la ante cumbre, los pulmones
piden tregua...y las piernas también !!, hacemos caso a nuestros
cuerpos y le “damos” una pausa.
Ahora si, la última parte empinada y vertical, en algunos
tramos hacemos pasos de escalada entre la formación vertical
de las piedras, por fin vemos la cruz y el “banquito”
que marca el punto más elevado de la provincia, 1239 m.s.n.m....¡¡¡
la cumbre del Tres Picos !!!.

Eran las 15.45 horas cuando arribó el primer grupo y apenas
10’ más tarde llegó el resto de los integrantes.
Los saludos y la emoción del momento, las fotos que testimonian
la ocasión para disfrutar con familiares y amigos, las notas
en el libro de cumbre, todo es euforia después del esfuerzo.
El descenso
16.20 horas comenzamos el descenso hacia el lugar
del almuerzo, bajada conteniendo nuestra humanidad tratando de no
provocar una caída. A la hora 17.10 iniciamos la travesía-descenso
hacia “cueva de los guanacos”, en el arroyo San Diego,
al pie de la cueva, tenemos que reponer agua, parte del grupo sigue
hasta el “cool” donde nos reuniremos luego, la otra
parte de los integrantes bajamos con varias botellas hacia la vertiente,
mientras Sandra, Mónica y Juan se hacen una “disparada”
para conocer la cueva.
Nuevamente todo el grupo reunido para comenzar el tramo final hasta
el puesto. Durante el descenso nos acompaña una magnífica
puesta de sol que disfrutamos a pleno. Así arribamos con
las últimas luces al sendero amplio, limpio y llano. La marcha
se hace lenta, nuestra mente ordena ir rápido. . . . . pero
las piernas se revelan y no hacen caso, llevamos casi 12 horas desde
el momento que partimos de donde nos dejó el micro. Por fin
arribamos al último escollo, el arroyo que debemos cruzar,
cosa que aprovechamos para sacarnos el calzado y dar un “remojón”
a nuestros sufridos pies, ya estamos en el puesto “Glorieta”
! ! ! ! !
A sugerencia de Mónica y Sandra, con la aprobación
de todo el grupo, la ruta fue bautizada con el nombre: "El
Cóndor Pasa".
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Ubicación
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